Severo
“Comienzo a amar el abismo del que estoy hecha.” Clarice Lispector ¿Severo? ¿Qué nombre es eso?... ni en la cárcel…le digo pues... Dijo el tipo con la cerveza en la mano, mientras una señora ya menos templada por la edad le decía que así se llamaba él mientras tomaba una chupada de cigarrillo que consumía sus ojos entrecerrados. Severo era un cuchillero de esos de los de antes, de los que buscaba pelea llevados por el aguardiente y de las ideas insostenibles. Mataba por ver caer. Vivía solo, sin mujer ni animales domesticados y en los dos ladrillos donde dormida tenía vírgenes y santos, como suele ser con aquellos malevos que invocan a la divinidad, sea la que les guste, para que los cuide del mal y los ayude a que la fechoría que hagan les resulte bien. Los santos le servían, pues a 20 que había matado, solo les conoció los ojos que veían hacía el fondo y las manos que abrazaban el vacío, mientras él, con el puñal hundido les quitaba el s...