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Campana sin badajo.

  “¿Quién es? -volví a preguntar. - Un rencor vivo -me contestó él.” Juan Rulfo – Pedro Páramo.     Las flores aún puestas, dejaron ver que la lucha por la vida, volería a morir.   La tierra que un día se pisó y se quiso, se quemó y se olvidó sin simular, los días se secaron y las noches dejaron entre el viento y el frío, el desalojo del silencio de los solos.   “Si la campana no replica es porque no tiene badajo” y como bien se sabe, en tierra de nadie, los nadie viven.   -¿Pero quien vendrá por nuestros muertos?  -Preguntó Justa, con el costal en el hombro y una mano atrás. -El viento. Respondió Marcos. -Yo, de acá no me voy. -Justa, y si no te vas, te vas a morir con ellos. -Muertos ya estamos, valiente gracias vivir estando muerto, es más fácil matar un muerto vivo, que hacer vivir un vivo ya muerto. Ahí le dejo a las hijas para que las lleve, lejos de la montaña, donde todo es plano y uno puede ver pa´allá.   Justa bajo el saco, seco las mano...

A la sombra de la ceiba

    "La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento de los hombres"  Nietzsche   Joaquín no lo vio o no quiso ver, el río se lo dijo y como se ven las cosas que se escuchan, lo tuvo que ver pasar, ya sin hacer mucho. La tierra quedaba lejos y caminar se hacia lento, la mula llevaba carga y montarla ya era injusto, quitarle peso no era una opción. El sol rugía con el viento que a veces era poco y otras veces era rápidamente escaso.   Dos partes del menaje colgaban del cinto, servirán si había agua, pensaba él. Antonio había muerto, lo tuvo que enterrar tapado con las pocas piedras que encontró, le sembró tierra encima, le puso un chorro de ron, tirado con desdén y siguió caminando sin mirar atrás, mascullando las lagrimas que no pudo disimular, Tomasa, la mula , lo miró y con vergüenza agachó la cabeza para no ser descubierto atragantado de ron, polvo y dolor, porque los hombres no lloran, se paran y siguen adelante.    De frente el p...

Tres nidos

    "Dame, padre, dame tu diestra para estrecharla, y no te sustraigas a nuestro abrazo. Así decía, mientras un largo llanto bañaba su rostro. Tres veces intentó allí rodearle el cuello con sus brazos; tres veces la imagen, en vano oprimida, escapó de sus manos, igual a los leves vientos y muy semejante al ala de un sueño."  Virgilio |  Eneida -  Libro VI, 697-702     La muerte una vez más no llega y a pesar de todo, la vida parece invocarla.  El canto repetitivo de los pichones anuncia, la comida cerca y la víspera de la madrugada o de la noche. Los días pasan para los árboles, ya no hay frutos, las ramas secas y sin flores dejan paso a la luz que adorna con sombras las paredes plomizas de las fachadas.    Un arranque involuntario como un látigo, anuncia la llegada y al mismo tiempo la partida, el rastro lívido en su cuerpo del viento frío, predice lo sabido y como eso se sabe, lo calla; fijó con la cabeza el llamado y asintió con la ...