Campana sin badajo.

 

“¿Quién es? -volví a preguntar.

- Un rencor vivo -me contestó él.”

Juan Rulfo – Pedro Páramo.

 

 

Las flores aún puestas, dejaron ver que la lucha por la vida, volería a morir.

 

La tierra que un día se pisó y se quiso, se quemó y se olvidó sin simular, los días se secaron y las noches dejaron entre el viento y el frío, el desalojo del silencio de los solos.

 

“Si la campana no replica es porque no tiene badajo” y como bien se sabe, en tierra de nadie, los nadie viven.

 

-¿Pero quien vendrá por nuestros muertos? 

-Preguntó Justa, con el costal en el hombro y una mano atrás.

-El viento. Respondió Marcos.

-Yo, de acá no me voy.

-Justa, y si no te vas, te vas a morir con ellos.

-Muertos ya estamos, valiente gracias vivir estando muerto,

es más fácil matar un muerto vivo, que hacer vivir un vivo ya muerto.

Ahí le dejo a las hijas para que las lleve, lejos de la montaña, donde todo es plano y uno puede ver pa´allá.

 

Justa bajo el saco, seco las manos del sudor y volvió a sentarse al lado de sus muertos. 


Marcos se fue, con un gramófono en el hombro y en la espalda los discos, en el cinto una botella de licor y una pistola con tres tiros, uno para el viento, otro para el ageno y otro para él si el ageno no caía. 

 

Cobraba dos pesos por danzón o tres por las de Caruso, uno por charlestón o si no había manera, lo que a diestra de lo que se tuviera le puedieran dar.

 

Manera no hubo de llenar el sombrero, ni cantinero que se ofreciera a tenerlo a él y a sus hijas. 


Las hijas cansadas, con edad de merecer y con modorra de la necesidad, se fueron con la recua de mulas y los arrieros.

 

Marcos, sin fortuna ni familia, volvió al lado de Justa, a cuidar sus muertos y el polvo de la tierra donde podían vivir, al lado de los suyos ya sin vida. 

 

Los discos y el gramófono mordieron el olvido y las niñas ya hechas mujeres, pasaron de paso con hijos y curtidas por la desventura.


A veces la música en el pueblo del olvido se escucha al lado del llanto del que quiso y no pudo. 

 

 

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